CORNISA PARA EL DESCLAVE

Enviado por Agustin Carrera el 16/04/2009 a las 03:03 PM

El casi vate se asoma por la cornisa y nos relata su experiencia con la anudada de colores vocingleros; que de sedada, sólo le faltaba colarse como una culebra por el pescuezo hasta la misma soberbia. "La corbata se descuelga sola", deja de aprisionar la gorguera, liberando el gollete para que transite libre el hombre por las aceras chiclosas; para que, tanto voces, tintorros, pataches y fluidos sacados de un beso largo y extendido, no sean nunca más transidos despojos de un amor casi olvidado.

Actualizada hoy después de ayer por Liber Tario (www.mascahuin.cl)         Copyright ®                                         Términos y Condiciones de la información: Pasquín “La Oreja de Van Go” y a la editora de “La Cazuela Popular”                                                                            Fuente : La Cuncuna en la Cuneta

¡Oh, que varonil mueca de Adán se deja ver tras el alzacuello! reflexiona esta vez una editora a punto de un caos nupcial; en un café ahumado, frente a un díscolo con disyuntiva precoz en el Parque de los Olvidos. Cuando les suceda esto no hay que dibujar una planificación en la pizarra de los tenderos del zoco; ni menos cincelar roquedales con jeroglíficos de rara nomenclatura; simplemente hay que recordar que se trata de un impulso profundo y misterioso, dirigido a una olla oscura repleta de pescuezos retorcidos; sin más remedio que sazonarse asimismo como uno más de los peones peor remunerados de la arena y el juego, y que muchas veces, sin saberlo, utilizan ese tan bien reputado merken, como lo hace un sabroso caldo molido de cultivos masivos. El rostro pintoresco de una camarera se hizo similar a la de una vanguardista arrepentida, al momento de un encuentro de a dos entre peldaño y cornisa de casona arrepentida, cuando se le ocurrió por casualidad y con una cazuela de más, escuchar esta rara palabrería entre dos amantes de la literadura. Tal parlamento de vocerías contrarias; a veces sonaba algo absurda; y otras, simplemente parecía discurso estridente con claros indicios de majadería declinante. La convicción para el casi vate es que desanudado el paño de colores vocingleros, simplemente dejó de ser preso por la tranca entre los dedos. Y por lo demás… aquel picaporte, ahora y en adelante, le servirá como resguardo frente a las trifulcas; y para que los refugiados restantes entren a sus recamaras sin el menor rasguño, después de un rechinar de dientes en otros aposentos. Se trata en el fondo de tu propia libertad; “tú misma me dijiste que te molestaba esto del aseo de la mañana siguiente”, le recuerda a su interlocutora el casi vate. Para recuperar la ansiada libertad de los voleos con pitadas; esa que dicen: trae una misión, un destino y una razón nueva para vivir, como la de aquel trabajador de la bolsa que se hizo a la nueva pasión, hasta plasmar en la tela una maravillosa Manao Tupapau; digamos lo siguiente: lo cierto es que por lo de la ciencia impura, “Ya la bolsa se había desplomado”; y el velamen arrastraba al levantisco a nuevas aventuras como un descolgado más, asomándose anonadado por los resquicios de esa vulgar claraboya de fierros forjados. Cuando sientes esto, es por que has llegado al minuto último del remate; a ese punto clave donde no tienes más opción que cambiarte a un tragaluz de material inerte; o sencillamente vomitar hasta descuerarte por dentro en la oficina de un clarividente tartamudo. Y no va importar absolutamente nada de lo que te suceda de aquí en adelante, y mucho menos al desdentado de la oquedad dibujado en las monedas con efigie de madona importada. El casi vate cedió lo que recibió en un comienzo y donó el don a otros despenalizados, por que sabe que existen mejores opciones para otros. El casi vate pretende generosidad y no le importa comenzar de nuevo en otro mundo de despilfarrados; en otro refugio, en otra provincia del exilio contundente. Lo que a él le interesa es ser tan mítico como cateador; tan pleno en su alegría como desmarcado de sus contrincantes de tripadas… Ni los piticlines que consigas; ni el diseño de la vestimenta que uses; ni nada que se le parezca al consumismo te salvará. Nada te servirá a la hora de los des-parra-amados. Esto es lo que nos dice el casi vate que abandonó la trifulca de la escoba para dedicarle tiempo completo a la observación de la luna y a la vida que no tiene  artificio ni composición. Hizo lo mismo que aquel con antiparra que ahora vive apegado a Las Cruces del litoral descentrado. ¿A quien se le ocurrió llamarlo litoral central, cuando el metro cero queda en la Playa Blanca; en el sur; ahí donde se dan los primeros indicios de que nuestra franja terrosa comienza a desparramarse lentamente para bien de los aislados. Abandoné casorios, caseríos, ranchas y ronchas de injusticia; y después de buscar el equilibrio docente en las pantallas de una esquina, sólo pude darme cuenta que los recovecos sirven para cambiar de dirección dislocada o para que te atropellen… Ahora bordeo la playa arenisca de una isla, y jamás digo que llegué a tener buen prestigio en la Banca de la Plaza. Pero por suerte eso no acumula importancia como sucede con la delación de cúpulas insensatas y malolientes, repugnantes de dolor e impudor. Me bajé a la mañana siguiente del trolebus para no regresar jamás al paradero donde inicié mi periplo de vanguardista indeterminado. Estaba convencido de que en eso de las minas antipersonales no cabían dos discursos en cuartos diferentes. El casi vate termina su cuento sin que nadie le apriete el cogote, expresando aprecio por la alegría que genera la libertad…el sueño de todos… Nadie puede escribir en el viento, ni menos detener o desviar la dirección ácida del Dios que sopla los destinos de sus nubarrones. Nos queda claro esto último. Sin embargo nadie pone cortinas antideslizantes a las copuchas de un activista que tiene cara de guarisapo… Provengo  de una familia de coleccionistas - muy diferente al de los fetichistas que acumulan desperdicios murales en sus patios. El arte era lo mío, la descripción de los hechos sin ser sabio competente. Es una pasión que hasta ahora había deglutido en el silencio de mi camastro. Ahorré peldaños para subir hasta la cima, pero me di cuenta que lo hice más tarde que de costumbre; y que lo hice para ayudar a Prometeo en su ardua tarea del ardor hurtado a ratos. Mis cosas de palabrerías son un conjunto de portadas abstractas, prosas ilegibles escritas o dibujadas sobre migajas de pan acrílico, donde hablo de espacios impúdicos y semipúblicos; algo surrealistas o derechamente provenientes del sur real. Llené mis espacios vacíos con figuras de papel deformado por la experiencia del desamor; algo amorfas y algo tristes, pero que sin embargo eran capaces de seguir adelante en el nado sincronizado de una cuerda floja con nudos y trampas para el tropiezo de nuevo. "El ser humano es encimático, pero eso es justamente lo que lo desvela por querer estar en la cima de sus problemas” El color, la textura u otra condición humana no tiene relación con el intelecto, sino más bien con una condición de milonguero ¡Y nada más! El mundo sería un lugar muy distinto si lo viéramos con los ojos de una milonga", nos revela el casi vate; quien tampoco reconoce maestros a la hora de los descuelgues: "Nunca me gustaron las corbatas cocidas”. Si tuviera que elegir el diseño de mi ropa, elegiría descocidos trajes de astronauta pertenecientes a alguna avanzada presidencial realizada en la luna. Nunca soporté a los enjaulados que andan pintando en la calle y que no tienen los espacios de una carlinga para poder exhibir sus obras", nos dice el casi vate. Alguien me calificó como el alterego de mis propios sueños ¿cómo podría no ser la olla de grillos en una comilona de vegetarianos? Podemos pasar las pellejerías de a dos y sin amarres de cortina en los finales inconclusos, pero no me pidan que corra el riesgo de un riego cotidiano a un desagüe mal preparado. Y aunque a veces miro de reojo la tapia colindante, igual me pregunto qué hago mientras tanto humedezco el prado. Tengo la sospecha de que esto del desclave, es una etapa de la vida que todos debieran vivirla a lo lejos y distante de los dinteles de un viejo armario. Un anticuario hace lo que puede y finalmente le conviene. Lo hace sin daños incompetentes a cualquiera;  y sin ganas de reprocharle al que viene, las razones de su propio arrodillamiento delante de la libertad.

Trebien

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