¡No!
¡Otra vez! Así exclamaron algunos mercachifles al escuchar las últimas novedades del casi vate; durante la madrugada de uno de los días más lejanos a las siempre bien esperadas jornadas del carrete. Dos de estos mequetrefes lo acusaron además de querer estirar los golpes acolchados en el sofá de una tal Sofía. El casi vate respondió de la siguiente manera: “Al primero que pase por la casa de la editora… ¡se las doy! Ni siquiera les permitiré que se asomen por la cerca del frente patriótico” Refiriéndose al lugar donde se publica el pasquín tantas veces aludido con escasez de elogio y aprecio. ¿Es esto una amenaza?
Actualizado hoy después de ayer, sin mencionar el mañana, para el pasquín “La Oreja de Van Go”, por el periodista Lapi Dario Fallo (www.mascahuin.cl) Copyright ©
Términos y Condiciones de la información del otro pasquín “The Matures Pear”
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“Pa´pior”; y para regocijo de estos relamidos pordioseros de los piticlines, la mano dura al momento de la contundencia de los golpes simplemente estaba empastada con cal. La blanquecina amalgama en la mano dura fue la consecuencia de una mano de gato que osó chiflarlo…; de arañándolo con sus garras de felina en celo después de la visita a su cuchitril de cucha en ardor. Había asistido a ese recurrido lugar; donde una vez más quiso fenecer con sus penas y dormitar en el arcano costado de una durmiente, poco antes de una crujiente tostada de pan al desayuno. No alcanzó siquiera la cima de aquellas blanquecinas montañas, ni pudo deslizar sus manos abiertas por monte alguno. Fue expulsado del camastro como suele hacerlo tan esbelta luciérnaga; en realidad como cualquiera otra luz de antaño lo habría hecho. Apenas se dio cuenta - dándose con las alcachofas en tazón de mente y a la cuenta de tres - que los aires de tugurio asomados en cada esquina – constituían el perfume típico de los barrios con botillería - Se capacitó y recapacitó - Esto dio pie para ponerse en campaña de huida hasta una casa de mayor y mejor acogida; una que lo albergara mientras pasaba eso de la subida de la espuma. Esto de querer escapar a destajo retirando a guadañazo los espesos matorrales y cardos; no le dio tiempo ni siquiera para cucharear uno de esos sabrosos cauceos mañaneros, con caldo de gallina y todo, como suele prepararlos tan bien dicha cucha. Me refiero a la agraciada amiga repleta de curvas que en esa ocasión le causó tanto daño en su mano de hacedor de poesillas. Ni siquiera le dio tiempo para sorber bebidas gaseosas en vasos de vidrio carcomidos. La sed de aquella madrugada caló hondo en sus apetencias de líquidos distintos al pipeño. ¡A su salú! Brindaron unos roticuajos destemplados contemplando un pipeño notificado por un notario fallecido por causa de unas arraigadas bastante fornidas; el cual afirmó entre cejas y fisuras oculares que: “simplemente con esto se ponen los ojos pichos, y sin necesidad de empinar mucho el codo” La policía del barrio de los caídos al copete, dio inmediato aviso a los que salvaguardan las copetineras - e intervino sin más dejo - en el altercado de los desmantelados. Esto ocurrió minutos después de iniciarse el cortejo donde prevalecían las desfavorables oportunidades de especias y aderezos. Era el momento de tomar sabor a aquellas muchachas fornidas. El abrazo de enyesado con gasas calcáreas será perenne al menos en los gratos dibujos en grafito que hizo uno bueno para el lápiz. El gran falsificador Tabú Calcáneo, cuyas rúbricas chequeras lo hacen merecedor del apodo de Rubrico Von Cheque, en honor a la debilidad de Aquiles... el del talón. Muy distinto al calcañar de nuestro Señor de la Palabra Verdadera.
Los Agentes de la Poesía acabaron con la gran trifulca de aquella bochornosa jornada amanecida. Duró lo que duró ¡Nada más! Ellos, los lidiadores sin ley, también eran unos asumidos al momento de los golpes y la alharaca sin sentido, ni siquiera contaban con orientación de gallito volador. Se hizo tal, que rápidamente se pensó en una debacle con debate en la batea de una de las cuchas más resentidas por tanto despilfarro de energía. Una cucha que provenía del trasfondo de una corte internacional de providentes; también salió al rebote de los tiros libres. Ella alguna vez se hizo astilla entre vidrios quebradizos durante el foro de las techumbres oculares, en los lugares donde se suelen observar las estrellas de los puñetes. “Tanto que hablan estos que tienen tejado de vidrio” Las apuestas eran como si se tratara de una pelotera verbal sin esférica ni argumento. Era algo parecido a una ovalada rendija donde las minas de cuatro cuartos y cuarzo brilloso se transformaban en chicas chismosas y chacoteras. Y finalmente - una vez más - el casi vate es toado hasta las rejas del campo de los tostados; para luego arrastrarlo al campo santo para ver si sufre esa santificación tan esperada por la editora del pasquín, la señorita Vanessa Gómez. El barro allí acumulado, después de esa copiosa lluvia que embadurnó tanto a poetas como a los relamidos pordioseros de los piticlines desalmados; debía hacer su onírica contraparte; pero al parecer y por lo visto, se seguirán sumando palabras, hojas y publicaciones en las paginas amarillas, rojas y verdes, de los ciento un pasquines que por el mundo, se preocupan de la biografía de este romántico casi vate. ¡Por Dios! ¡Cómo no se preocupan de cosas y asuntos más importantes! Nos dice el mismo Agustín Carrera. El casi vate no quiere soltar su asumida vida de bohemio y enrostrarle a la misma cierda floja que es un complejo emparedado palta-mayo, ad-portas de un rotundo tarascazo y fracaso; tanto debido al uso de un traje franqueado por el lanzamiento de un libro, como vestido a la usanza comunitaria de un equipo de fútbol del barrio de los tugurios – Ustedes se lo imaginarán - O simplemente como uno de la pacotilla. Fue arrastrado al lugar donde no todos sus moradores fueron santos, verdad cierta - no como muchos podrían afirmarlo estando sobrios. Esta vez se hizo el ronroneo sin gata en el intercambio de neumáticos desinflados. Se acudió al artificio que bota papeles sólo por unas cuantas horas y, durante los turbios disturbios de aquellos cabellos rubios. Se hizo todo esto en medio de una extraña reina de cabeza roma; y de paso, con meridiana mollera de medianoche; algo fría, algo gélida, debido quizás a un acerbo comentario de despedida en la última noche de soltería; nos asevera doña Cala Vera, asomándose entre sus dientes y gruesos labios de cereza; muy pintarrajeados de rojo con cera de labios gruesos y casi permanente. No es la primera redada dada a la risotada, y probablemente no será la última felonía que afecte al casi vate. ¡Acusete pan de cuete! Gritaba con algarabía la chiquillada. Todas adosados a un quicio de madera con algo de adobe mezclado con clavos y resortes, quizás por que aquel burdel era antiguo y descuidado. Los resortes seguramente pertenecieron al relleno de algún colchón que después fue dado de baja. Mientras lo que en realidad no era una chiquillada, apuntaba al acusete que huía escalera abajo pero frenando su caída atroz con sus manos corcheteadas por delante. ¡Se cayó solito! Dijo uno. ¡No sé más de lo que no quise ver! ¡Cerré los ojos de puro espanto! ¡Lo vi caer! ¡Nada más! ¡Yo no lo empuje! Las esquivas que miraban desde las esquinas se atrincheraron detrás de las espaldas de un matón de terno brilloso. La policía se hizo cargo de la voz de Sax, apodada la saxofón por que es demasiado soplona y no es necesario apretarle las clavijas para sacarle sonidos. ¡Se empujó solito mi sargento! ¿Cómo es eso? ¡Nadie se empuja solito! - Él se metía en problemas de puro curao que era - cuando se acomodó cerca del otro caballero, inmediatamente comenzó a fastidiarlo con dibujos y graffitis. Esto no le pareció nada bien y se armó un pequeño "quilombo" – Ya sabe - una trifulca de padre y madre; donde el otro caballero le apuntó con un puntete y un cuete en pleno desgarro de dolor facial. El Agente de la Poesía se dio por enterado que el otro caballero era el casi vate, o sea Agustín Carrera. ¿Por qué vive haciendo equilibrios en la cuerda? Esto es una locura, ¡Bien! O se tienen muy malas costumbres o simplemente le gusta esto de la lidia – y pensar que está muy cerca de la genialidad y la frambuesa. Su equilibrio en la cuerda floja no puede ser igual a la vida de otros ¡Eso es cierto! No ha editado mucho, pero que se ha editado mucho de él… es otro cuento… Diría, cualquiera que lo conoce. Se le han recolectado cientos de papelitos y algunos siguen dando vueltas por ahí, pero nada de esto ha sido editado. Existen cientos de cuartillas y muchas recetas fueron y son soporte de palabreos e historias de ocasión inmediata. ¿Qué más se puede decir del casi vate? - ¡Que era un desordenado! Corría el año 1957 y ya se sabía su destino de lalista y vociferador de mensajes propios. Gritó en esa su primera vez como si no tuviese más tiempo para hacerlo, dejando claro que requería la inmediatez del cariño materno y, sin espera de justificación alguna, por retrasos. Así siguió su vida y sólo ahora que se encuentra regentando el refugio de los desplazados por consecuencia de la gran trifulca de la escoba; podría decirse que obtiene al fin algo de paz y algo de retozo. Pero lamentablemente recae en esto de no ser tolerante con los pesados y prepotentes. Con estos personajes siniestros que le endilgan pesadez por sus habilidades de enamoradizo y enfiestado – algo totalmente ajeno a su voluntad y quehacer – según nos señala el propio casi vate – Le molestan, sobre todo aquellos que disponen de piticlines a derroche y destajo y no saben distinguir entre el croar y los croatas. Y aquel asomado de esa noche. Era uno de los camaradas más integrados al mundillo de la banca y de los bolsillos repletos. No lo conocía, pero olía a pescado de puro pesado y cuando quiso importunarme, recibió su merecido. Así también dictaminaría su usía el lunes siguiente a su detención; notificándolo esta vez en el listado de los camorreros, al lado de los busca pleitos y de aquellos que desplazan el camastro hacia las esquinas; donde según él, rechinan menos. Atribuyendo lo acontecido al consumo de pipeños no certificados por la autoridad. ¿De donde salió esa botella? Se preguntaron algunos y algunas ostras marinas. Incluso el gendarme capitán lo hizo. ¡Que extraño! Pero nadie hizo acotaciones o murmuraciones mayores. El abrigo negro ocultó la petaca que no se acaba nunca. Cuando entró acompañado de dos esbeltas teñidas y pintarrajeadas, también introdujo modales y esa maldita petaca. Ese es otro párrafo de su historial etílico. El año pasado, en el refugio de la comarca del merken, las emprendió contra los que hacen maleficios y postergan las sales de los asalariados. No soporta que menosprecien el valor del fin de mes o de la quincena y no reciben su merecido salario a tiempo. Así fue que las emprendió contra la editora donde se editan sus ya famosas ictiocefalolalías. Esto hizo que se rompiera el idilio, pero no el afecto que se amalgamó en muchas historias de junturas y moteles. Es lindo estar enamorado y conocer la herida cortante que atraviesa de lado a lado el tambor que hace tamtam; y que hace tontos los pasos, como si uno estuviese nuevamente viviendo los 17. ¡Usía¡ ¡Dígame! ¿Qué habría hecho usted en caso similar? Bastó aquello para cubrirse de gloria como si se tratara de un gran héroe frente a la magistrada. Dejó entrever que no sólo era una mujer elegante, sino que además era mujer. Terminó tomando desayuno a orillas de un cerro, muy cerca del refugio en la comarca del merken.
PLOP.
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