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OPINOTEOS DEL LALEO

Enviado por Agustin Carrera el 18/02/2008 a las 02:49 PM
Algunos escritores opinan acerca de la exigua obra editada por el casi vate. Lo hacen con afecto, mucha melcocha y demasiado ulpo cocido “No hay mucho que decir, pero harto que traspapelar”. La pareja dispareja del Presidente del Club de Rayuela, originaria de la comarca Delmasallá, también se sumó a las divergencias de la lata palabrería oxidada. Opiniones que finalmente apuntaron a reconocer ese profundo amor que tiene el casi vate por la LITERADURA, y su inigualable apetito por la sopa de letras; por el causeo de ají verde, por el caldillo de congrio y el charquicán con merken. 

 

Actualizado hoy después de ayer, sin mencionar el mañana para el pasquín “La Oreja de Van Go”, por las periodistas (alumnas en práctica) Kara Kolillo y Terry Torial Copyright ©

 

Términos y Condiciones de la información del otro pasquín “The Pear Matures”

 

Fuente : The cuncuna in the gutter

 

En esta medición de cualidades; muchos dardos apuntaron a la simple literadura de los más añejos recortes de un pasquín, como muchos de los que ahora se sacramentan con oleos en afuerinos pergaminos de museos; algunos ya entumecidos y deformados por la palangana de la palabrería. Mientras esto siga ocurriendo - nos insinúan en su metro redondo algunos descuadrados que no riman ni con el rimel – se seguirá diciendo que los despistados como el casi vate, serán la consecuencia directa de todos los costalazos acaecidos; como aquellos acontecidos durante la última de las miradas de techumbre; allá en los más alto del refugio. Hablamos entonces del suceso astronómico recordado por algunos buenos para el oteo, y que  de tanto asombro no sueltan explicaciones a su inexplicable afán por observar las estrellas. Sello astrológico suscitado por causa de la única obra: El Ictiocefalolalista. Así nos señaló uno que decidió escabullirse por detrás del desvencijado portón rechinador. Este es el claro ejemplo de uno que durante el descuelgue de los maduros cuescos de frutos; prefirió quedarse en el camastro hasta que regresara una tal “Camilla”; totalmente confundido debido a la mareante morfina recetada. Aquel sibarita finalmente estuvo al borde de un blanquecino lazareto, esperando por lustros a una tal Camila de fantasmagórica ubicación hospitalaria. ¡Por una letra casi se hizo canción! Los despistados comúnmente se ubican en la misma fila sobre la cresta del morro moreno; la cual, más se parece a un ancestro recostado; es decir, sin mucho que hacer y poco que cruzar, por falta de puentes y despuntes, para remendar tan desproporcionado atajo de solapas calafateadas con mermeladas. Así opina su gran amigo Pepo Plop. Alguien quiso registrar entonces la estrepitosa caída del cuesco de una breva, pero lo cierto es que no se pudo describir aquello por falta de suceso y cuesco; y de la más brava de las bribonas; “el polvo levantado con tanta risotada arqueológica, simplemente lo impidió”. Las plumas de una bailarina de cuarto oscuro reactivaron sus alergias; y la ordenanza municipal dictada por el director del hospital, lo aisló definitivamente para que no contagiara de estornudos a los restantes encatrados. ¡Hay Dios mío! ¡A donde vamos a llegar! Refunfuñó la vieja Amelia; la enfermera que no había sido amada desde que engordó, por culpa de uno que la confundió con su hermana la Camila.                                     Con cara de acontecido nos relata otro cariacontecido – que en esto de caerse al acontecimiento del descalabro, a esto que se asimila al desgano, y al disparo incierto de una pluma entintada con iridiscencias desPARRAmas, tal como lo hace una licuadora sin tapa sobre la sopa de una cama. Han sido sus más de dos dedos de frente, los que finalmente hicieron posible, que fuese algo simplemente parecido a una mágica realidad. Lo dice el mismo que asegura saber de las PARRA; y se atreve a confundirlas con aquel que es el “antídoto de la poesía aburrida”. El casi vate una vez dijo que era el remedio de la palabrería.  ¡Algo similar! Los dos únicos responsables de un cambio climático, anunciado por dos “Mentirólogos” aficionados al dilema de la atmósfera; sin necesidad de la aparición opresiva de la mano de la brisca; fueron dos simples apagones de luz de indiscutible referencia al convidado de piedra; uno es el desconocido “Few Light (El Fiulai); el “Pocas Luces” y el otro es el mismísimo autor del Ictiocefalolalista. Ambos arrebataron la melcocha del sabor a esos que escribían lo mismo de lo mismo; hoja tras hoja; edición tras edición; así nos señala una de sus entremiradoras de ocasión, Vanesa Gómez. ¡No! ¡No! ¡No! Fue la descarada ausencia de la caridad y la sobrada soberbia de la inviabilidad de una cuerda floja demasiado lasa; opina uno que se hizo súbdito del tranque por ausencia de audiencias. El casi vate pertenece a una generación que aun no se pierde en los recovecos de la historia. Para que decir de aquellos que se perdieron en los estantes de una cantina; como los fenecidos a la merced de un epitafio descrito para asiduos comensales, en un tugurio de mala muerte. ¡Claro está! “No quiere ser como esos morros hastiados de especies arbóreas, consumiendo agua a borbotones” Quiere irse lúcido, precoz y noble; como aquel vate consumado de los lejanos discursos rurales; como aquel escritor que no se quedará en paz, pues deambulará navegando allá en la gran marea del lugar mítico; donde Dios salvará a este mundo enfermo y, que hoy, descolgado de las nubes dejará de observar como crece ese desierto verde; o como aquel otro del milenario discurso de las bienaventuranzas en las faldas de un morro. No como aquel atroz y aburrido discurso del que se creía además trovador de tarimas mal ajustadas. En definitiva, quiere que no lo critiquen diciendo que es una “tormenta cerebral privada” como se lo hicieron saber al obrero de Guernica. Así nos recuerda la amante editora mostrando una página del pasquín “La Oreja de Van Go”.          En cuanto a esto último, el casi vate también quiso pasearse en un bote a remos acompañado por un Barquero de Aguas Negras. El casi vate también intentó describir antologías de recetas médicas; de esas recetas escritas a mano en papel crepé, acuñadas para curar con placebos de fango, enraizados enfermos de pudor. Recetas mágicas; alguna vez descritas por caricaturistas formados en divanes de tablas alquitranadas; cuyos maestros están empecinados en describir los jeroglíficos indescriptibles, de cuatro jinetes descolgados de sus cabalgaduras. Raro episodio de la LITERADURA, pues es puesto por delante de los delantales de una medicina curativa arcaica, que se basó en pipeños y otras cepas. Un poetante imitador de Agustín Carrera, se compara como tal, sin saber de que se trata una poesilla; sin tener en cuenta la más cercana pizca de una buena idea, ni de lo que versan las ideas solapadas fondeadas en un fangoso tranque medieval. ¡Igual lo imita! DesPARRAma a su libre antojo de erudito y sabio convencido. ¡Lo sabe hacer! Pero no se da cuenta que es un gran imitador anterior al casi vate. ¡Situación rara pero cierta! Este mismo poetante, no sabe que, ni los errores ortográficos fueron dejados al borde del olvido o sin su reconocimiento. Los  desvelos e insomnios del casi vate siempre estuvieron llenos de nostalgia por la profesora de miopía. Con esto, quiero decir que nunca malgastó la tinta en cuestiones de caligrafía, ortografía y grafología, por ejemplo. El casi vate Agustín Carrera, agradece tal gesto y se hace inmenso; y como otros degustadores de las letras, también revuelve la sopa de letras a cucharadas, para mostrarle la papa y responderle a los de la mala lengua; a los que tienen lengua de lija, o a esos que quizás se sienten más cómodos con el pelambre de la alambre; y que además dicen no tener sed de hambre por la palangana de charquicán. “En el revoltijo siempre descubro algo bueno; algo nuevo; algo parecido a una Poesilla saltando en la pata de una silla; como la de la mecedora de mimbre de mi abuela” así es recordado por otro patachero. Fue un error no haber leído algo del casi vate; en realidad nunca han leído siquiera sus propias actas de nacimiento; se burla el anterior entremirado, a cuesta de tan burda explicación. Fue un "desatino" no haber incluido un programa de radio en la cartelera de cine. Fue un error no haber disfrutado de una ensalada de fruta calada. Parece un escritor esencial, no creo que esté al nivel de algún famoso y prestigioso poeta de luces, coronas y medallas. Nos dice una que no quiso dar su nombre. Razones de peso aludía; la preñez era abundante en su anatomía. Para otro poetante, el casi vate es un buen ensayista y, quizás, el mejor y audaz narrador de peripecias de periscopio; nada más. "Lo admiro por ser rutero y patachero”, nos dice el vate de la provincia arenisca; quien sabe y conoce sus ardores y desamores. Conoce las historias de sus escabullidas y otras desventuradas anécdotas para reciclar cada noche. Existe un relator que podría escribirnos un libro, sólo contándonos algunas de las pellejerías menos rutilantes de sus desafortunadas hojas en blanco. El casi vate pertenece al grupo de los engrudos que no se adhieren a los ideales de pacotillas; como los ideales de los plantígrados del viejo regimiento, que acostumbraban a vociferar cuanta cuantía a la orilla de “La Portada”. El escritor chichañejo Pipeño Pincharrata; desconocido en la urbe de los choripanes picantes; nos describe al casi vate como a un caballero sin su caballar que hiere exabruptos de melancolía; recostándose en el borde mismo de una cinta de neón. Es la magia de un sable de grafito genuinamente poético. El ha sido un sueño demasiado auténtico en este mundo de tramperos; que entre otras cosas consiguieron gratuitamente la primera hostia con torpedos con las enseñanzas de una arpía básica. Finalmente; uno que no era muy bueno para la lectura; pero que se desmayaba escribiendo tantas cartas de amor, nos cuenta que conoció al casi vate cuando tenía mañas goleadoras y era bueno para el rebote de la pelota. Madrugaba por placer para adelantarse al sol; y así, apañarlas primero que nadie; gritaba sus goles con pasión; aunque sólo eran pichangas de barrio y transpiración; sucedidas a raudal en las aceras y portones, muy cerca de la casa de una gruñona vecina.

 

Plop

 







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