LA PERSEGUIDA PERSEIDA

La luna se bañaba desnuda y un hermoso evento celeste, hizo que aquel chapuzón fuese más espectacular que nunca. Según los astrónomos, astrólogos y el recluta inconcluso que nunca llenó la cantimplora, el fenómeno se trataría del velo de las Perseidas. La espectacularidad se debió por que además la fase del Plenilunio coincidió con la formidable lluvia de estrellas mencionada. Desde la techumbre del refugio, los hospedados hacen toda suerte de emperifolladas maniobras posturales y gestuales, para observar su sonrisa y la cara oculta de aquella hermosa presencia platinada.

 

 

Actualizada hoy después de ayer por el periodista Perce Verante (www.mascahuin.cl) Copyright ® 

 

Términos y Condiciones de la información: Pasquín “The Pear Matures”

 

Fuente : The cuncuna in the gutter

 

 

Los “allegados” del refugio; que no son los mismos que “ayerllegaron”, abandonaron comistrajos y tertulias para disfrutar durante una larga noche de diciembre una hermosa escenografía desde la techumbre, cuya coreografía hizo bailar de alegría a la mismísima luna. Esto ocurrió hasta el amanecer del tercer día mientras una lluvia de estrellas adornaba su velo de incertidumbre y sigilo. Montado sobre una de las estrellas, el casi vate Agustín carrera cabalgó al son del caballete anunciando el magnífico espectáculo nocturno.

 

“No se desanimen Viejos Héroes de las Palabras; el barrilete aquel de las mil aventuras repondré para despertarlos del eterno sueño; y así también, cada noche podrán asombrarse con tan esplendida belleza, jamás vista” Gritó el casi vate extasiado por tan inusual evento; ya enterado de que esta coreografía se prolongaría por varios días más.                                                                       Cientos de estrellas fugaces acorralaron a la luna en el tranque del refugio, donde conviven poetas, trovadores, lalistas, escribidores, poetantes y el que hace poesillas. Ahí se rejuntan con otros patacheros de finas papilas gustativas, y gratos exponentes de bellos versos improvisados a la hora de los brindis, donde además procuran sincerarse mediante el cuenteo de míticos relatos de amoríos; los cuales suelen dejar boquiabiertos a rectores de campos académicos, y a otros tantos innumerables por causa de sus excesos de peculiar espectacularidad, como aquel campeón que anda a trastrabilladas emulando a cazadores inexpertos a la saga de corazones tuertos; de esos corazones que no son capaces de ver el lado bueno del entuerto de a dos.

 

La lluvia desprendida desde la bóveda; como una cascada de nueces molidas, aun a pesar del rostro descubierto de la luna, hizo posible las mejores condiciones para observar desde la techumbre del refugio, el despliegue más intenso de estas graciosas bailarinas plateadas. ¡Era cosa de ver no más a la luna bañándose desnuda en el tranque de la medialuna: iluminada por una cascada de bellas pasajeras de la noche! En ese instante nadie se atrevió siquiera a versar sobre la sonrisa, cuando la luna besaba el agua cristalina que asomaba también desnuda, por detrás del recóndito tranque. Nadie se movió por miedo a despertar a un oscuro nubarrón que acechaba lleno de envidia, más allá de las copas de los árboles. Hasta los grafitos raspados sobre las cuartillas se hicieron tenues con sus traviesos trazos.

 

Según nos informó el pasquín “La Oreja de Van Go”, la propia editora se sintió halagada por tan bella representante de la creacción. Y rebosante de alegría danzó al compás de orquestados valses diluvianos. Cual jinete de corcel encantado, el casi vate – por su parte - realizó audaces maniobras para asirla de la cintura, hasta encumbrarla al lomo de un corcel casi estrellado; y así perseguir a los destellados de luz desprendidos del firmamento. Agitados por el esplendor, ambos quisieron arrear las partículas de polvo hasta el redil del amor; pues en el horizonte de sus pensamientos, pensaron que se trataba de intrusas chasquillas que penetraban hasta esta sureña atmósfera sureña, para modelar otro tanto la creacción; como si se tratara de una mágica pincelada que hacía falta para completar. Aquella pincelada fue considerada por ambos poetas como una de las más importantes; como una de las más delicadas y audaces de los últimos tiempos. Para los trovadores y para el que hace poesillas recostado en el sofá de una tal Sofía; y que esta vez versó cabalgando sobre un bello destello de luz; aquello era demasiado fantástico como para no describirlo en alguna cuartilla. Como cronista de un acontecimiento del génesis; orientó las estelas cósmicas diciendo: “Estas colas apuntan hacia la constelación de Perseo; hacia la imagen dibujada en la gran bóveda del cielo”  ¿Que hace el protegido del rey marino colgado entre las estrellas?

 

Mientras ambos atrapaban a raudales las partículas estelares desprendidas; allá abajo, posados sobre la techumbre orbitaron grandes pensamientos de trovador. Si un cometa permite que sus partículas penetren en la atmósfera; por qué entonces éste no se baña con la luna; se preguntaron unos. Mientras otros especulaban si la estela ¿Era lo que era? o bien se trataba de la barba de un Viejo Héroe de las Palabras, asomándose para deleite de su fe en la literadura. Uno más avezado con las lalías preguntó en primera fila, si podía remontarse hasta las estrellas en el viejo barrilete del casi vate. ¿Me lo prestará por unos instantes? Inquirió algo dubitativo. Quizás temeroso. El silencio fue su única respuesta; la indiferencia, lo que parecía ser un murmullo de fláccida damisela desmotivada. Reconoció posteriormente que su pregunta había resultado muy poco afortunada, frente a los hechos que acontecían.

 

La estela del cometa – comentó otro audaz antes del caldillo de congrio condimentado - se consume luego como un fugaz rayo de luz; entre el calor y otros apéndices científicos; como muchos de los cuentos de ficción similares a los cuentos de ron. Quizás ocurre como muchos de los relatos de los hospedados del refugio; quienes, sin embargo, son capaces de mantener grabados en la retina como una simple realidad, muy difícil de olvidar, incluso como les ocurre a los menos duchos para describir las frases de un capitán de fragata enmohecido.

 

Los seguidores de los fenómenos atmosféricos del mundo, se deleitaron hasta la madrugada del tercer día, después de iniciado el maravilloso espectáculo. A pesar de esto el sueño jamás pudo vencer completamente a los hospedados. Quienes por estos días acomodaron sus cansados cuerpos en el refugio, fueron fieles testigos de una suerte de Perogrullo abdominal, algo muy distinto de los animales del zoologico muertos ayer (un perro y una grulla) que de puro susto huyeron del lugar; pero con tan mala pata que ambos chocaron con un letrero que decía “cebra al paso” Error tipográfico de proporciones que finalmente causó el lamentable accidente de estampida. Se estudian refuerzos para una acusación constitucional en contra del edil por lamentable abandono de deberes. Nadie vio en el verdadero causante material del error; al verdadero punible de tal errática acción. El Few Light se hizo el cucho, y con gata del camión municipal a cuestas, huyó hasta perderse en las luces profundas de sus apagados ojos hueros.                                                                   ¡Suerte de algunos! Por mucho que se diga que las mejores posturas para observar la lluvia estelar, no estaban o no se hacían precisamente en la techumbre del refugio; el mirador astronómico más espectacular en imágenes y descripciones, termino siendo el tan vilipendiado “Refugio” de los patacheros.

 

Sin importar el tamaño de las partículas de polvo, fácilmente al chocar con la atmósfera pueden asimilarse a una candela, tan brillante como la piel de una duna allá en la provincia Arenisca; donde las damiselas pueden amarizar en la mar, liberando tal energía como la más potente explosión de artificios.  Sin importar la categoría del escribidor, ninguno de los relatos fue a parar al tacho de las desilusiones. Cada cual en su fuero de calzoncillos de cuero cuarteado, hizo y dio lo mejor de si mismo, hasta conseguir eso de querer versificar hasta el recuento del punto final. Sosiego y respiro se hizo ya en las postrimerías del tercer día, cuando el espectáculo llegaba a su anunciado fin. A lo lejos se vio descender al casi vate acompañado de una hermosa fémina de mil colores, radiante y renovada como la más esperada de las novias. Y una luz tenue se esfumó dejando una huella en el cielo, perceptible hasta en la taza de insumos preparados para el desmedro estomacal. Promesas de abstención surgieron entre algunos dados al brindis de índole diferente. Otros quisieron ir más lejos y se zambulleron reiteradamente en las aguas del tranque donde antes se bañó desnuda la luna, como si se tratara de una suerte de higienización colectiva.  Otros en cambio lo hicieron para hurgar en el fondo del tranque, algún indicio del rastro del velo adscrito a las famosas letras desechadas. El pequeño mundo reducido en los alrededores del tranque, con el refugio como fondo escénico, finalmente se vio alegre y esperanzado. ¡Lo que hace una espectacular detonación! Se dijo el casi vate mientras se acercaba al gran espectáculo de higienización.

 

Kejue

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