La poesilla inicialmente versificada a pata pelá sobre una silla cualquiera de mimbre; se hace rotunda y se recuesta acomodada “a como da” sobre el sofá de una tal Sofía. La Poesilla aprende de sus errores de hortelano; de sus horrores gramaticales, de sus disonantes cadencias y de sus propias e involutivas revoluciones; en definitiva, de sus propias creacciones. La palabrería del primer lalista casi premiado del orbe, acentúa sus urbanidades y agradece contemplación pacífica de sus amigos del refugio; ahí, donde acampan los de los mil sueños deslenguados. Antes se hace Caballero de Caballejos; luego le ofrecen el premio “Ojetillo de Techumbre” éste último premio es por su valioso aporte a la astronomía y a la gastronomía visual. Tiene como sugerencia “jamás desprecien la fortuna de las loterías escolares”
Actualizada hoy después de ayer por la periodista Percy Ana de Paredes (www.mascahuin.cl) Copyright ®
El mismo que hace lalías como las espuelas se hacen detrás de la puerta de la escuela; se nos acalla en la calle buscando ese silencio urbano - que por cierto no existe - después de una noche estrellada por causa de tanto choque por las bruscas dobladas de las esquinas. Nos muestra la carátula de aquel mamotreto de las cien páginas macilentas. Me refiero a la gran obra de la literadura conocida como "El Ictiocefalolalista" Nos señala con una morisqueta que “la fragancia de las flores tiene rostro de mujer/ y el susurro del viento nos habla de sus pequeños suspiros/ que su imagen dorada es bañada dentro de un río norteño/ y por ello la tristeza se hizo inmensa en el sendero del tiempo sureño”. Las poesillas se hicieron a pata pelá sobre una frágil silla de mimbre. Esto fue así en el principio, aun a pesar de las deudas de un impostor desencantado; a las espinas que quedaron guarecidas en algún rincón de los dedos. Lo cierto que esto último es como la nada misma; como querer decir “Es sólo un decir”; pero de esos decires con aciertos como para no repetirlos nunca más. Recordemos que nadie cree en esto de que ahora - incluso las poesillas - se escriben estando recostados; como por estos lustros lo hace al casi vate; quien recostado en el sofá de una tal Sofía, se explaya como en la playa de la Lucía, a sol de labriego, y sin atavíos de adictos a las solaneras.Aún se lamentan algunos malabaristas reunidos por un tal Blas Placencio Placentero; quien con acomodo con el codo - nunca ha ocurrido de otro modo igual - nos dice que otro ser, tan peculiar como tanguero por su extraño proceder; un tal Cuasimodo Mudho, es más que una verdadera vereda enfrascada en un dedal de costurera. Mucho de esto se puede decir, escribir y contar. Muchos quisieran evitarse este zigzag de extremo remo y de mal sabor salobre. Pero es así; el casi vate creció y ahora la cuerda floja no lo declina de cubito dorsal con el “rigor mortis” incluido, si no de costado como después de un rechinar arduo y desesperado. Al casi vate se le perdona casi de todo; incluso que sea patachero empedernido, por que desde ya es el único poesillante que nació aquel mítico año del mil novecientos cincuenta y siete. Ahora sin darse cuenta y debido a su suerte de brújula sin norte; como la de la bruja Amelia, que casamentó a cuanto pelafustan se le cruzó por su avidez de casamentera; hace de saltimbanqui en el momento más álgido de su traviesa travesía llena de trastrabilladas. La vida le cambió en un santiamén. Desde ese momento nada ha sido igual. Todo es distinto. Poetas, poesillantes, poetantes, trovadores, cantores y lalistas de varias comarcas del orbe se amarraron al mástil durante la gran tronadura de los trinares. Algunos de los aparejos provenientes eran provistos con manjares de lugares tan lejanos como exóticos. Algunos nadaron con sus atávicos atuendos los metrajes de varias tinajas de baños. Algunos desbloqueados provenían de la misma Incuba, otros de Canandá, Puerto Pobre, Empaña, Porigual, Olanda, Hermania, Trina, Lígamo, entre otras naciones y otros - por su apariencia desaparecida – nos dejaban ver que provenían de las ostras perladas. Todas estas naciones postularon a sus vates al recurso diverso del verso, y apostaron al acercamiento de la literadura del verso paleográfico y más contemporáneo; esto es lo que se conoce como “La Puerta Giratoria de los Poetas”. Y ha sido una vez más el casi vate, oriundo de La Portada arenisca, quien posteriormente se asiló en la políglota comarca del Merken, poeta y académico, quien estuvo más cerca de la cerca que rodeaba la cabeza del ganado, y quien además, será reeditado en Porigual, donde se habla de corrido en lusitano, y por que además juegan como locos a la carioca. Doble triunfo, si es que se puede tomar esto último como una ganancia de ganadero. Esto me trae recuerdos del mítico año 1957, de aquel extraño año de la centuria anterior a esta, cuando el insigne poeta se resbaló desde la placenta hasta el confín de un cojín de conejo mundano. Caída tras caída, paso sobre paso y con sobrepeso, terminaron por volver ida la venida de una gran avenida como la Gran Vía. Todos sus escritos se hacen dignos trompos giratorios para desatornillar premios mal constituidos. Nadie cree en el estilo de un casi vate, casi premiado de por vida. Nadie cree en un gran escribidor; nadie cree en un casi vate que obtiene premios de esos que se caen a pedazos de las vitrinas en los clubes de rayuela. "Aquel hombre necio se enamoró de sus ojos/ sin saber que la cara oculta estaba llena de otras majaderías / de todas las rutas posibles escogió la más pedregosa / pero el espejo, finalmente, nunca quiso dañarle las heridas de su rostro". El poeta Vigente Huiderobos, en esos años aseguraba que la poesilla del casi vate chocaba contra todo eco de su patria; y sin embargo, en Hermania, centro de la belleza, nuestro lírico recibió el aplauso de Apollinaire y de Thibaudet... ¿Quién es él? Se preguntaron antes de entrevistar a un desprevenido periodista que hacía su labor, como biógrafo de una estrella de biógrafo. Remueve a zapatazos y taconeos el polvo de unos maderos antaño bien encerados; hoy sólo deambula cancino deshaciendo pesares que no debieron adherirse a sus espaldas. Le duelen los años, arrastra sus deudas y la cana testa se asoma dejando de ser una canasta limpia. Es uno más de los que no ha aprendido a aprender de sus errores prendidos. En el paraje yermo se siguen olvidando de sus talentos; de los de él y de los talentos de sus congéneres; no así de los que se enraman a las orillas de aquel océano que es como un río; ni menos de los que se agolpan en dunas cercanas a la portada arenisca donde se cobijan tantos poetas como escribidores poetantes, pintores, talladores, músicos y fotógrafos. Todos ellos se deshacen en el desamparo de un paraje sin paradero. Todos ellos suelen arrumarse con secuelas encima de las espuelas y del diván de las pasiones; en el lugar donde el poder económico, ignorante y también indiferente en las cosas del espíritu, los hace trizas en la trituradora de las vanidades. Arrau, Vinay, Mistral, Matta, Bravo, Huidobro, son algunos de los patacheros que nos hubiera gustado premiar antes de la risa de la hiena; ojalá mucho antes de la gloria del desierto florido. Ojalá con ese premio concensuado para los que no son extranjeros; si no más bien para aquellos que son granjeros intranjeros. Hasta cuando seguiremos ignorando a nuestros artistas. Pepo Plop presentó hace mucho tiempo y después de varias volteadas de reloj, su ya famosa revista de comic; fue ignorado por nuestros lectores y por nuestros críticos; sin embargo sus obras son adquiridas como jurel ahumado en las esquinas de las editoriales de Porigual. ¿Qué me dicen? ¿Publicar, es tan difícil como amanecer al lado de la Carmen Electra; electrocutado, con las sábanas quemadas, la cama de agua evaporada? ¡En fin! Como sea. Sin embargo esto no es igual para todos. Sin ir más lejos, el Pepo Plop que con su Yayita Yeya ha logrado aparecer en la portada de un pasquín; ahora, atrevidamente, audazmente se nos ha lanzado a la mar y la vida; asomando en Las Auroras de la conquista junto al Carrera; junto al primer Gran Carrera que esta franja desperdigada nos entregó a mansalva y siniestra; así sin más ni menos.
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