Los refugiados caían y las ostras se arremolinaban mareadas alrededor de los camastros de los fondeaderos. Los materiales edáficos inconclusos acogieron al artificio planeador que jamás arribó a la cancha de aterrizaje de los cabellos escabechados; resultó posteriormente ser la leyenda de un bello teniente extraviado por el estrabismo mórbido. Una brisa terrestre venida de la marinera alocada azotó el rostro sublime de una tal Sofía; y el casi vate sin pensarlo dos veces con sus dados, lanzó su suerte a las tres avenidas de una urbe estrepitosamente mal edificada.
Actualizada hoy después de ayer por Mat Rícula (www.mascahuin.cl
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